La
Helny S. A. Industria y Comercio de Empaques Especiales, es una empresa que
fabrica empaques y recipientes especiales para las industrias farmacéuticas y
de bebidas. Fue fundada por Alfredo Brunassi, antiguo trabajador de una fábrica
de hilados y tejidos. Brunassi inició sus actividades en un pequeño almacén,
con sólo dos máquinas dotadas de cierta automatización, compradas de segunda
mano, para la producción de envases de alumninio para medicamentos. Viendo
perspectivas de progreso con la pequeña fábrica, y faltándole más recursos
financieros para aumentar la producción, le propuso asociarse a su amigo Sergio
de Castro, un tornero mecánico formado por el SENAI. Sergio estudió las
condiciones propuestas por Brunassi y estuvo de acuerdo con la sociedad, ya que
tenía algún capital disponible. Pasó entonces a desempeñar las funciones de
jefe de producción, mecánico y proyectista de nuevas máquinas.
La
pequeña fábrica tuvo una evolución muy grande, pues los productos tuvieron muy
buena acogida en la industria farmacéutica. Percibiendo ese avance, Sergio y
Brunassi se dieron cuenta de que no tenían tiempo suficiente para visitar y
contactar a los clientes. Resolvieron contratar una persona con experiencia en
ventas, para ejercer la función de vendedor, Sebastián de Souza. Con el ingreso
de Sebastián hubo un gran incremento de pedidos y, por ende, de producción, de
manera que la fábrica tuvo que ser trasladada a otro local con dependencias más
amplias. En las nuevas instalaciones y contando con ocho máquinas proyectadas y
desarrolladas por Sergio en su línea de producción, la Helny se enfrentó con un
nuevo y serio problema: la falta de aluminio en el mercado para abastecer su
producción. La dificultad para encontrar aluminio y los precios en vertiginosa
alza provocaron inconvenientes financieros a la empresa, debido a los atrasos
en la producción: los pedidos iban acumulándose y las entregas atrasándose; la
baja productividad como consecuencia de la falta de materia prima; la
paralización de la producción por falta de material de trabajo y precaria
cobertura financiera, pues los atrasos de pagos de los clientes, por el retardo
en las entregas, provocaron igualmente atrasos en el pago de los proveedores y
de las comisiones de las ventas realizadas por Sebastián. Recurriendo a
préstamos externos, la Helny consiguió pagar sus deudas con los proveedores,
pero no el monto de las comisiones acumuladas por Sebastián. Ante la falta de
condiciones financieras para operar normalmente, Brunassi y Sergio llegaron a
la conclusión de que la única manera de pagarle de inmediato a Sebastián sería
invitándolo a participar en la sociedad, en la proporción de la deuda, lo que
fue aceptado rápidamente por éste.
Después
de algunos meses, la provisión de aluminio se estabilizó en el mercado, gracias
al inicio de operaciones de una gran multinacional y la Helny volvió a trabajar
con regularidad. Tomando en cuenta ciertas ideas innovadoras, dirigidas
principalmente al aumento de la eficiencia en la producción y como ahora hacía
parte de la sociedad, Sebastián propuso el ingreso de algunos funcionarios.
Ello con el fin de proporcionar más tiempo a Sergio, para que pudiese crear y
proyectar nuevas máquinas y diversificar los productos de acuerdo con las
exigencias de los clientes. Además, se buscaba sustituir las máquinas
existentes y mejorar la calidad de los productos, aspecto importantísimo en el
ramo en que se encontraban, pues los laboratorios farmacéuticos eran muy
exigentes en relación con sus empaques.
Con las nuevas máquinas y con
técnicas operacionales más modernas, la Helny experimentó una fase de enorme
desarrollo. Sin embargo, debido a discrepancias con Brunassi, Sergio se retiró
de la sociedad y vendió su parte a Sebastián, quien pasó a ser dueño de la
mayor parte de las acciones de la sociedad. Con la salida de Sergio y
aprovechando ciertas ideas de éste, Sebastián y Brunassi estuvieron de acuerdo
en crear el departamento de diseño y proyectos, para lo cual contrataron a un
experimentado diseñador-proyectista que dirigía un departamento de proyectos en
otra empresa. Ante el crecimiento de la empresa, que llegó a más de 200
empleados, la fábrica fue trasladada de nuevo a un sitio con mejores
condiciones de trabajo. Brunassi se encargaba directamente del área de
producción y mantenía un óptimo nivel de relaciones con el personal, mientras
que Sebastián se dedicaba exclusivamente a los problemas administrativos,
financieros y comerciales de la empresa. Éste estaba en desacuerdo con el
exceso de libertad en las relaciones que Brunassi mantenía con el personal,
pues creía que esto traía ciertas consecuencias negativas, ya que los obreros
se volvían perezosos, holgazanes y desinteresados en sus tareas.
Con
la evolución de la empresa, los socios resolvieron transformar la firma en una
sociedad anónima. Como Sebastián era el mayor accionista, fue elegido
director-presidente, y Brunassi director de producción. Para las demás
funciones administrativas fueron nominados e incorporados a la sociedad un
director financiero Mauro Ramos Cardoso; un director comercial, Luiz Carlos de
Souza, y un director administrativo, Celso de Souza. Los dos últimos eran hijos
de Sebastián. Mauro Ramos Cardoso era administrador y, sobre todo, ejecutivo
con una trayectoria brillante en el área financiera. Luiz Carlos de Souza era
administrador y tenía bastante experiencia en el área comercial, mientras que
Celso de Souza, a pesar de ser formado también en administración, tenía poca
experiencia empresarial.
Después
de estar algún tiempo en la empresa, Luiz Carlos desarrolló algunas estrategias
revolucionarias de acuerdo con los objetivos de la empresa, buscando
diversificar aún más la producción, pero sin salirse del ramo de la actividad
de los empaques y envases especiales. Inició contactos con una gran empresa
italiana par la aplicación del know-kow en el sector de empaques y envases para
bebidas, principalmente para tapitas de botellas. Luego de intensas
conversaciones y viajes, la empresa italiana concedió a la Helny la licencia y
exclusividad para la fabricación de esos envases especiales en el Brasil. La
Helny montó una nueva fábrica, con un gran número de máquinas inyectoras de
plástico, material éste en que son hecho casi totalmente los envases, lo cual
le demandó, en esa época, fuertes inversiones financieras.
De inmediato, el nuevo producto
de plástico tuvo gran acogida en las industrias de bebidas. Como no se
esperaban resultados tan rápidos, la producción era insuficiente, Luiz Carlos
pasó a ocuparse también de los problemas de producción y propuso elevar el
número de obreros a 600. Sin embargo, compartía las mismas ideas de su padre en
cuanto al trato con éstos. Comenzó entonces a exigir una producción más
elevada. La nueva fábrica funcionaba en tres turnos ininterrumpidos de ocho
horas cada uno, para aprovechar mejor las máquinas existentes. Los obreros
creían imposible aumentar la producción, pues las máquinas inyectoras trabajan
dentro de un proceso semiautomatizado, que requiere tiempos predeterminados
para calentamiento, inyección y prensado del material plástico, y si los
tiempos no se tienen en cuenta, las piezas salen deformadas o defectuosas.
Conforme los obreros lo previeron, las piezas realmente comenzaron a salir
deformes y con defectos. A pesar de esto, Luiz Carlos estaba preocupado por la
producción y por la cantidad y no por la calidad de las piezas. Para elevar la
producción, comenzó a exigir el ingreso de personal con experiencia en el
sector plástico, para supervisar y controlar a los obreros, implantó sistemas
rígidos de control, coordinados y ejecutados por cronometristas y
cronoanalistas; elaboró mapas de producción donde se mostraban los sectores más
ineficientes. Los fabricantes de bebidas comenzaron a reclamar por la baja calidad
de los productos que recibían, lo que iba justamente contra las ideas del padre
y de Brunassi, quienes siempre se preocuparon al máximo por la calidad. Las
constantes devoluciones condujeron a la reducción de pedidos y, en
consecuencia, de la producción, lo cual desencadenó índices elevados de gastos
y bajísima rentabilidad. Los demás miembros de la dirección, preocupados por el
problema, convocaron una reunión con los jefes de sección, jefes de
mantenimiento, supervisores, etc. Después de una acalorada discusión, Luiz
Carlos enfatizó en que los culpables eran los propios obreros quienes habían
contravenido sus determinaciones. Esto repercutió muy negativamente en la
firma, generó un clima de profundo descontento e insatisfacción e hizo que el
personal de trabajadores se volviera en contra de la permanencia del joven
director de la empresa. Los directores consiguieron controlar la situación,
pero no lograron disminuir la inconformidad de los obreros. A su vez, Luiz
Carlos reconoció que su actitud no fue correcta y buscó solucionar el problema
introduciendo premios de producción, aumentos salariales, mayor contacto con
los obreros, pero sin obtener mucho éxito.
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