30.10.13

EL CASO DE LA FÁBRICA DE MUEBLES S. A.

Estimados: Este caso sera desarrollado hoy miercoles 30/10/2013 en el horario de clase.



EL CASO DE LA FÁBRICA DE MUEBLES S. A.

 

Esta empresa fabrica muebles de oficina. Su gerente general, Jacinto Fujita, hacía gran énfasis en las ventas, sin preocuparse mucho por los aspectos administrativos. Su meta principal era vender, aunque fuera desorganizadamente, para obtener resultados rápidos e inmediatos. En realidad se lograban grandes resultados en las ventas, y el equipo de vendedores siempre alcanzaba las metas propuestas. Sin embargo, Fujita era ajeno a los problemas que afectaban a los demás departamentos de la empresa.

La sección de facturación se quejaba de que el departamento de ventas cometía frecuentes y graves errores al tomar los pedidos, lo que provocaba grandes problemas en la emisión de los registros fiscales. El departamento de producción se veía presionado constantemente por órdenes contradictorias y contraórdenes de emergencia, pues para atender a ciertos clientes Fujita solicitaba a ese departamento una mayor productividad, sin tener en cuenta si el producto cumplía las especificaciones de calidad ni cuánto costaría a la empresa el apresurar ciertos pedidos.

El director-presidente de la empresa, Emilio Caruso, deslumbrado por las cifras presentadas por Fujita, no escuchaba a los demás jefes de departamento de la empresa. En cierta ocasión, cuando todo transcurría dentro de las desaveniencias normales y las ventas presentaban un elevado índice, Fujita presentó su dimisión a la empresa porque pretendía dedicarse a otras actividades. Esto sorprendió a todos.

Los jefes de departamento mantuvieron contacto directo con el director-presidente y consiguieron probarle que sería necesario, inicialmente, ocuparse de los aspectos organizacionales internos para, posteriormente, garantizar la estabilidad o el crecimiento de las ventas. Al partir de esa hipótesis, el director-presidente resolvió contratar un nuevo gerente general cuyas características le permitieran "poner la casa en orden".

El nuevo gerente general, Jorge Ikeda, tenía formación en administración y profundos conocimientos en organización y métodos. De inmediato se dedicó a la tarea de organizar todos los departamentos de la empresa, dejando provisionalmente relegado a un segundo plano el departamento de ventas. Sin embargo, debido a su formalismo y a su tendencia a mandar y a no escuchar, sus subordinados tuvieron ciertas dificultades para adaptarse a los nuevos y rígidos métodos de trabajo. Como el director-presidente le ordenó organizar y estructurar la empresa, Ikeda pretendía hacerlo rápidamente y de la mejor forma, saltando las etapas que fueran posibles. Ikeda exigió a todos los departamentos que siguieran a rajatabla todas sus instrucciones, pidiendo resultados en periodos muy cortos, lo cual le valió algunos malentendidos con el personal. El descontento de los empleados no tardó en aparecer, en especial entre quienes admiraban el esfuerzo del gerente anterior por mantener la amistad del personal, a pesar de la desorganización reinante.

El resultado fue desastroso para Ikeda: la producción comenzó a experimentar innumerables reveses. El departamento de ventas, totalmente desanimado y sin motivación, no conseguía alcanzar los objetivos de ventas impuestos. Mientras que el anterior gerente procuraba incentivar los resultados de ventas, el actual buscaba ahora los métodos correctos de facturar los pedidos y despachar las mercancías. En tanto que el primero buscaba conseguir del personal de facturación un número mayor de horas extras para facturar más pedidos, el segundo pretendía que el trabajo se ejecutara, totalmente, dentro de la jornada normal de trabajo. El primero, a través de su relación y amistad con los obreros y vendedores, lograba una producción mayor —aunque de calidad discutible —; el segundo exigía la mejor calidad posible, a cambio de una producción ajustada a su esquema.

Los jefes de departamento se reunieron y decidieron reclamar al director-presidente, mostrándole que el exceso de métodos y procedimientos de trabajo condujo a un recorte de la iniciativa y la libertad en el trabajo. El director-presidente no escuchó, aduciendo que los jefes de departamento habían solicitado un organizador y no un vendedor.

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