Además les informo que estará disponible a partir del día de hoy viernes 16 a las 24 Hs., y hasta el dia lunes 19/08 a horas 24, horario en que ya no estará disponible para realizar el caso.
No se olviden que este es el primero de los cinco (5) que haremos en el transcurso del cuatrimestre.
Atte.
Cr. Aparicio
CASO
ALFA S.A.
Alfa S. A. es una
conocida empresa metalúrgica que fabrica tanques y calderas de acero para el
mercado industrial. Produce exclusivamente bajo pedido y de acuerdo con las
necesidades de cada cliente. De ahí que cada producto presente especificaciones
diferentes y deba –antes de iniciar la fabricación y el montaje—ser proyectado
por el Departamento Técnico, compuesto por ingenieros y proyectistas.
La dirección de Alfa
S.A. está compuesta así:
-
Director – presidente: Alfredo Batista
de Campos
-
Director financiero: Eduardo Negreiros
-
Director Industrial: Oswaldo Leone
Oswaldo Leone es un
ingeniero mecánico de 45 años de edad, amigo íntimo de Alfredo Batista de
Campos. Ambos tienen muchos puntos de vista en común, como por ejemplo, el de
que ningún operario es digno de confianza. Creen que los obreros son
holgazanes, tienen prejuicios, son astutos y necesitan ser tratados con mucha
disciplina, control y rígida supervisión, punto de vista con el cual no esta de
acuerdo Eduardo Negreiros, el director financiero. Eduardo es graduado en
administración, tiene 38 años y es el único director que no tiene participación
accionaria en la empresa. Tiene fama de ser el defensor de los obreros, desde
cuando era asistente del director, y posteriormente cuando como gerente del
departamento de personal, tenía contacto frecuente con todos los empleados. Al
ser nominado director financiero, le fue encargada la administración de una
empresa de servicios subsidiaria, localizada en Rio de Janeiro. Hace dos años
volvió a Sao Paulo como director financiero de Alfa S.A., en la fábrica
localizada en Santo Amaro. Rápidamente renovó sus contactos con los empleados,
quienes siempre tuvieron gran simpatía por él.
Oswaldo Leone es el más
nuevo de la casa. Fue nombrado director industrial hace poco menos de dos años,
habiendo trabajado antes como gerente de producción en una gran industria
textil. Luego de asumir la dirección industrial, percibió que existía en Alfa
un gran número de pequeños grupos de trabajo, de 5 ó 6 operarios bajo la
jefatura de un maestro, que también trabajaba directamente en la producción,
frente al pequeño número de subordinados. Cada grupo trabajaba en uno o dos
proyectos a la vez, pasando a otros proyectos cada vez que faltaba materia
prima o terminaba la obra. Las tareas eran siempre no-repetitivas e
involucraban a los obreros en una porción de actividades diferenciadas y
especializadas. Leone creía que este sistema dificultaba el planeamiento y
control de la producción. Como cada grupo era pequeño, no se disponía de todos
los especialistas (como herreros, mecánicos, soldadores, etc.) necesarios para
ejecutar totalmente un proyecto. Además de eso, como los grupos gozaban de un
exceso de autonomía en la ejecución del trabajo, presentaban un alto índice de
ineficiencia.
El nombramiento de
Leone para el cargo de director industrial fue provocado por la aprobación de
un plan de ampliación de la producción (en la parte de tanques y calderas) y de
diversificación de productos (lo cual involucraba otros tipos de equipos
industriales bajo pedido). Después de 15 meses, el número de obreros se elevó
de 550 a 1.200. Así, al lado de empleados que, en su mayoría, tenían más de 10
años en la empresa (los “estables”), entró a trabajar un volumen apreciable de
nuevos empleados (los “novatos”). Los “estables” no veían con buenos ojos la
creciente contratación de “novatos”, a quienes criticaban severamente por su
inexperiencia en el sector y por su incapacidad en el trabajo, ante la carencia
de entrenamiento. Uno de los empleados “estables” llegó en cierta ocasión a
reclamar al ingeniero Leone: “¿Por qué contratan ustedes tantos novatos?
Nosotros podemos trabajar mucho mas y mejor”. Leone entendió que aquel reclamo
significaba que los obreros podían trabajar más y que si no lo hacían era por
falta de voluntad y no por falta de trabajo.
Así,
Leone aprovechó la situación para aumentar el tamaño de los grupos de
producción a 20 obreros subordinados a un maestro, que no necesitaría trabajar
directamente en la producción sino solo en supervisión. El planeamiento y el
control de la producción quedarían totalmente a cargo de la oficina y todas las
tareas pasarían a ser escrupulosamente definidas, detalladas y medidas en
términos de tiempo. El maestro tendría todo el tiempo disponible para la
disciplina, supervisión y control de sus obreros. Como tal sistema había dado
buenos resultados en la industria textil donde trabajara, Leone creía poder
aumentar así poderosamente la eficiencia de los trabajadores y reducir
drásticamente los costos industriales de producción.
Leone tiene fama de ser
un administrador “duro” y centrado casi exclusivamente en los problemas
técnicos de la producción. Aunque sólo ha ordenado un mínimo de medidas
disciplinarias, como suspensiones y destituciones, mantiene mucha distancia con
relación a los obreros y solamente conversa con ellos sobre asuntos
relacionados con el trabajo.
El nuevo sistema
impuesto por Leone no fue bien aceptado por laos obreros: los “estables”
consideraban el antiguo sistema mucho mejor y más saludable. Así las cosas, conformaron
una pequeña comisión para tratar ciertas reivindicaciones con Leone, pero
encontraron tanta dificultad en lograr una entrevista, que acabaron
desistiendo. Las relaciones entre la administración de Alfa S.A. y sus
trabajadores fueron siempre relativamente buenas, con algunos altibajos
ocasionales. Sin embargo, todos los problemas siempre se resolvían
internamente. La dirección de la empresa, por lo tanto, recibió con asombro un
comunicado del sindicato de obreros, denunciando en términos violentos una
serie de medidas erradas e injustas tomadas por Alfa S.A. contra sus obreros,
acusándola también de pagar salarios bajos, de proporcionar condiciones pésima
de trabajo, de controlar rígidamente al personal y de exigir una producción por
encima de lo normal para cada uno. Esa comunicación fue también distribuida
entre los obreros y empleados sindicalizados de otras empresas.
Eduardo Negrerios no
admitió la forma ni el contenido de las acusaciones hechas. Principalmente
porque muchas acusaciones no eran correctas. Los salarios de Alfa, por ejemplo,
siempre equivalían al promedio establecido en el mercado. Las condiciones
físicas de trabajo eran relativamente satisfactorias. El sistema de trabajo era
el mismo desarrollado sin problemas por otras empresas. Las exigencias de
producción se basaban en tiempos estándares estimados por cronometristas y
cronoanalistas expertos. “¿Por qué los obreros no nos vinieron a reclamar
directamente a nosotros, que estamos más próximos y que tenemos todas las
condiciones para resolver sus problemas?
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