16.8.13

1° PRACTICO ON LINE - CASO ALFA S.A.

Estimados alumnos; por este medio les adjunto el caso que deberán analizar para realizar el primer caso on line. De igual manera el mismo esta en el libro de Chiavenetto pero en su edición 4ta., que es el libro gordo tapas verdes.
Además les informo que estará disponible a partir del día de hoy viernes 16 a las 24 Hs., y hasta el dia lunes 19/08 a horas 24, horario en que ya no estará disponible para realizar el caso.
No se olviden que este es el primero de los cinco (5) que haremos en el transcurso del cuatrimestre.
Atte.
Cr. Aparicio




CASO ALFA S.A.

Alfa S. A. es una conocida empresa metalúrgica que fabrica tanques y calderas de acero para el mercado industrial. Produce exclusivamente bajo pedido y de acuerdo con las necesidades de cada cliente. De ahí que cada producto presente especificaciones diferentes y deba –antes de iniciar la fabricación y el montaje—ser proyectado por el Departamento Técnico, compuesto por ingenieros y proyectistas.

La dirección de Alfa S.A. está compuesta así:

-          Director – presidente: Alfredo Batista de Campos

-          Director financiero: Eduardo Negreiros

-          Director Industrial: Oswaldo Leone

Oswaldo Leone es un ingeniero mecánico de 45 años de edad, amigo íntimo de Alfredo Batista de Campos. Ambos tienen muchos puntos de vista en común, como por ejemplo, el de que ningún operario es digno de confianza. Creen que los obreros son holgazanes, tienen prejuicios, son astutos y necesitan ser tratados con mucha disciplina, control y rígida supervisión, punto de vista con el cual no esta de acuerdo Eduardo Negreiros, el director financiero. Eduardo es graduado en administración, tiene 38 años y es el único director que no tiene participación accionaria en la empresa. Tiene fama de ser el defensor de los obreros, desde cuando era asistente del director, y posteriormente cuando como gerente del departamento de personal, tenía contacto frecuente con todos los empleados. Al ser nominado director financiero, le fue encargada la administración de una empresa de servicios subsidiaria, localizada en Rio de Janeiro. Hace dos años volvió a Sao Paulo como director financiero de Alfa S.A., en la fábrica localizada en Santo Amaro. Rápidamente renovó sus contactos con los empleados, quienes siempre tuvieron gran simpatía por él.

Oswaldo Leone es el más nuevo de la casa. Fue nombrado director industrial hace poco menos de dos años, habiendo trabajado antes como gerente de producción en una gran industria textil. Luego de asumir la dirección industrial, percibió que existía en Alfa un gran número de pequeños grupos de trabajo, de 5 ó 6 operarios bajo la jefatura de un maestro, que también trabajaba directamente en la producción, frente al pequeño número de subordinados. Cada grupo trabajaba en uno o dos proyectos a la vez, pasando a otros proyectos cada vez que faltaba materia prima o terminaba la obra. Las tareas eran siempre no-repetitivas e involucraban a los obreros en una porción de actividades diferenciadas y especializadas. Leone creía que este sistema dificultaba el planeamiento y control de la producción. Como cada grupo era pequeño, no se disponía de todos los especialistas (como herreros, mecánicos, soldadores, etc.) necesarios para ejecutar totalmente un proyecto. Además de eso, como los grupos gozaban de un exceso de autonomía en la ejecución del trabajo, presentaban un alto índice de ineficiencia.

El nombramiento de Leone para el cargo de director industrial fue provocado por la aprobación de un plan de ampliación de la producción (en la parte de tanques y calderas) y de diversificación de productos (lo cual involucraba otros tipos de equipos industriales bajo pedido). Después de 15 meses, el número de obreros se elevó de 550 a 1.200. Así, al lado de empleados que, en su mayoría, tenían más de 10 años en la empresa (los “estables”), entró a trabajar un volumen apreciable de nuevos empleados (los “novatos”). Los “estables” no veían con buenos ojos la creciente contratación de “novatos”, a quienes criticaban severamente por su inexperiencia en el sector y por su incapacidad en el trabajo, ante la carencia de entrenamiento. Uno de los empleados “estables” llegó en cierta ocasión a reclamar al ingeniero Leone: “¿Por qué contratan ustedes tantos novatos? Nosotros podemos trabajar mucho mas y mejor”. Leone entendió que aquel reclamo significaba que los obreros podían trabajar más y que si no lo hacían era por falta de voluntad y no por falta de trabajo.

  Así, Leone aprovechó la situación para aumentar el tamaño de los grupos de producción a 20 obreros subordinados a un maestro, que no necesitaría trabajar directamente en la producción sino solo en supervisión. El planeamiento y el control de la producción quedarían totalmente a cargo de la oficina y todas las tareas pasarían a ser escrupulosamente definidas, detalladas y medidas en términos de tiempo. El maestro tendría todo el tiempo disponible para la disciplina, supervisión y control de sus obreros. Como tal sistema había dado buenos resultados en la industria textil donde trabajara, Leone creía poder aumentar así poderosamente la eficiencia de los trabajadores y reducir drásticamente los costos industriales de producción.

Leone tiene fama de ser un administrador “duro” y centrado casi exclusivamente en los problemas técnicos de la producción. Aunque sólo ha ordenado un mínimo de medidas disciplinarias, como suspensiones y destituciones, mantiene mucha distancia con relación a los obreros y solamente conversa con ellos sobre asuntos relacionados con el trabajo.

El nuevo sistema impuesto por Leone no fue bien aceptado por laos obreros: los “estables” consideraban el antiguo sistema mucho mejor y más saludable. Así las cosas, conformaron una pequeña comisión para tratar ciertas reivindicaciones con Leone, pero encontraron tanta dificultad en lograr una entrevista, que acabaron desistiendo. Las relaciones entre la administración de Alfa S.A. y sus trabajadores fueron siempre relativamente buenas, con algunos altibajos ocasionales. Sin embargo, todos los problemas siempre se resolvían internamente. La dirección de la empresa, por lo tanto, recibió con asombro un comunicado del sindicato de obreros, denunciando en términos violentos una serie de medidas erradas e injustas tomadas por Alfa S.A. contra sus obreros, acusándola también de pagar salarios bajos, de proporcionar condiciones pésima de trabajo, de controlar rígidamente al personal y de exigir una producción por encima de lo normal para cada uno. Esa comunicación fue también distribuida entre los obreros y empleados sindicalizados de otras empresas.

Eduardo Negrerios no admitió la forma ni el contenido de las acusaciones hechas. Principalmente porque muchas acusaciones no eran correctas. Los salarios de Alfa, por ejemplo, siempre equivalían al promedio establecido en el mercado. Las condiciones físicas de trabajo eran relativamente satisfactorias. El sistema de trabajo era el mismo desarrollado sin problemas por otras empresas. Las exigencias de producción se basaban en tiempos estándares estimados por cronometristas y cronoanalistas expertos. “¿Por qué los obreros no nos vinieron a reclamar directamente a nosotros, que estamos más próximos y que tenemos todas las condiciones para resolver sus problemas?  

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